lunes, 15 de noviembre de 2010

Bicicletas del Corazón

Mi primera bici fue de color amarilla, con rueditas hasta que aprendí a andar sola y mi papá las retiró como un gran acontecimiento.

Esos  primeros meses de aprendizaje, rodaba por una de las veredas de la calle donde vivía, y por esquivar una señora con dos bolsas, terminé sentada en la vidriera de una frutería, aun no sabemos cómo traspasé el vidrio sin hacerme un solo rasguño.

Me acompaño una gran parte de mi infancia, cuando salíamos en patotas a tirar bombitas de agua en los carnavales, o pedalear muchos kilómetros hasta llegar a un punto donde las tirábamos, y nos subíamos a las piedras para tirarnos de clavados en el río.

Con los años  se fue modificando con otras tal vez un poco mas grandes o más vistosas, de carrera, de paseo, de montaña, pero todas birodados al fin, aunque también algunos domingos nos alquilábamos unas que eran como 5 bicis juntas , todas ellas llevan impresos momentos de felicidad, aventura  y también  ternura.

Los momentos de aventura son incontables, equivaldría a escribir mi vida, porque una bici no es un medio de transporte, es tu vida, tu vida en dos ruedas.

Una  vez  íbamos tres en una bici, la bici mordió una imperfección en la carpeta asfáltica y nos hicimos “carpeta”, terminamos desparramadas, riéndonos, ensangrentadas , momento que llevo  grabado para siempre en  una cicatriz,  por los  5 puntos  que me hicieron en la pera.

Tal vez esas tardes, donde tirábamos la bici, literalmente y nos sentábamos en los bancos de la plaza a hablar de la vida horas y horas.

Y luego contigo, llevándome en el manubrio o parada en la parrilla, que paradójico ahora si no tenemos el cinturón o el airbag no nos movemos ni un metro.

Los atardeceres con vos en la bici, las tardes de río, o cuando nos llegábamos a la base de la montaña para escalarla, o los amaneceres en el mar.

Ruedan los momentos, rueda tu vida

Tal vez me voy rodando hoy en ese día que me dejé  llevar por la inercia, en el manto violeta de los jacarandá en flor, con mis brazos extendidos como queriendo acariciarlos,  y la lluvia violeta caía sobre mis rizos rojizos.


Bicicletas del corazón, las  sigo pedaleando y haciendo camino al andar.













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