sábado, 13 de noviembre de 2010

Mi álbum de estampillas

De pequeña  coleccionaba sellos postales, aunque también  monedas, pero sin animo de ofender a las redondas, me quedo con las estampillas.

Con el paso del tiempo la filatelia se convirtió en un arte para mi, guiada por mi abuelo en los primeros momentos, y luego sola,  pero conservando algunos  detalles que él me había contado a la hora de conservar ese trozo pequeño de papel.

Esperaba con ansias la llegada de alguna carta, ya que en ella vendría para mí un pequeño regalo, también recolectaba por el   pueblo, en vecinos, gente desconocida, no me importaba, tal y que me dieran el tesoro añorado, sobre todo  si recibían cartas de sus parientes lejanos.

Mi abuelo me regaló un interesante álbum, parecía un libro antiguo, de tapas duras, y por dentro un sistema interesante para  su  protección, de esta manera podía organizarlas por fecha, por temática, por país.

En algunas hojas solo tenía un sello, como una de Japón, y en otras principalmente de mi país casi no me alcanzaban las hojas y tenía muchas repetidas.

Esta disciplina, me llevó a otras como la lectura, ya que trataba de entender  que vinculación tenía la información  impresa, con lo que estaba sucediendo en ese país o en el mundo en ese momento, así que también visitaba bastante la biblioteca, ya que no existía  “san google” por aquel tiempo.

Los años pasaron, las costumbres cambiaron, prácticamente no enviamos cartas, recibimos los informes de las tarjetas, o las facturas a pagar, y los sellos se fueron modificando por pequeñas bandas con códigos de barras que están en todos lados desde un caramelo hasta un yogur.

Al caso,  el coleccionismo,  fue ocupando menos tiempo en mi vida, que se fue llenando de otras actividades.
Varias mudanzas, el albúm terminó en el cuarto del fondo, con las cajas de archivo de tantas cosas que uno guarda, sin saber para que.

Una tarde ordenando el cuartucho, me doy con la noticia, de que el álbum había desaparecido,  haciendo una investigación exhaustiva por varios días, y uniendo cabos con otras cosas que faltaban en la casa, llegué a la conclusión que también me habían robado el pequeño tesoro.


Lloré, si lloré mucho, hasta casi quedarme sin lágrimas

y te preguntarás ¿ porque lloré por unos cuantos gramos de papel? habiendo tantas cosas por que llorar.


Principalmente sentí que  con el álbum se llevaron una parte de mi.

 Además ¿ cuanto les darían por él ? ¿ unos pocos centavos?

¿Cómo podrían saber el valor que tenia para mi, esos montoncitos de  pequeño  papel troquelado?

y a pesar de no tener mas el álbum sigo pedaleando  como dijo Einstein


 La vida es como la bicicleta, hay que pedalear hacia adelante para no perder el equilibrio”. 






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