Subte Linea C



Se cerraron las puertas y ahí quedamos, una foto de postal de sardina enlatada.

Me quedé abrazando a un pibe, supongo que tendría 27 años, no recuerdo bien su cara, pero si que prácticamente nuestros labios estaban rozándose, y por detrás un tipo de traje que estaba totalmente apoyado en mi culo. 

Lo extraño fue que lejos de enojarme me vi envuelta de deseo, el movimiento del subte, no hacía más que encenderme, con cada respiración rozando su cara, me sentía más caliente, sus ojos que me despertaban mi instinto sexual más primitivo, su olor que aún recuerdo,  sentir que el otro se acercaba más y más a mi espalda, me respiraba en la nuca, me recorría una energía extraña. 

En esa extraña posición abrí las piernas y podía sentir los dos miembros erectos rozando a través del jean, las manos del pibe acariciando mis pezones, y yo dejándome llevar por mi deseo desbocado.

Nos cogimos de parados en silencio, gemí en su oído mientras mi vulva húmeda y caliente se movía con el vaivén del tren,  se contraía y se mojaba, y me doblaba de placer al sentir esos dos miembros rozándola, me tuve que contener para no gritar en mi orgasmo silencioso, y en mi pico de éxtasis pude percibir que mis dos compañeros de viaje también estaban sintiendo lo mismo.

Cuando se abrieron las puertas, ya no recuerdo ni como llegué al hotel.

sólo que regreso cada día, mojada de pensarlo y con la esperanza de volverlos a encontrar.





















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