jueves, 4 de noviembre de 2010

Robo



Vuelo demorado por 24 horas, dormir en el aeropuerto,  arriada como ganado a un hotel, un par de horas ,  salir corriendo a tomar  un vuelo de  14 horas. En esas circunstancias trato de mantener la calma, pero el cansancio y el mal humor van haciendo escala en mi cara, que intenta esconderse tras unos lentes oscuros.
Llegar  a Fiumicino, y de allí tomarme un tren, perder todas las conexiones, comienza mi odisea:
Llamo a tu celular, no da,
llamo a la oficina, no da,

Me tenés que ir a buscar en un punto intermedio y no puedo comunicarme con vos, momento de decisiones, sola, cansada, y queriendo llegar a la reunión,  encima tarde, y no por mi culpa,  apelo a mi instinto de paloma y me dejo llevar entre el mar de gente, me subo al tren, serán unas 5 horas que me olvidaré de mi destino futuro en otro país.

Llego a la estación pautada, buscando un teléfono público, casi están en extinción con los celulares, las notebooks, pero obvio no tengo wifi, no tengo el celu, apenas algunos euros, que intento meter en el maldito teléfono.

Ocupado,  tu celular, tu oficina, yo cansada, desesperada por un baño y una cama, ya comienzo a desesperarme, la gente me mira.

ya me duelen las piernas, por suerte ningún espejo cerca que demuestre que este viaje me molió a palos.

Llueve torrencialmente, si, no podía faltarle ningún condimento, sentada en mi valija, estudiando que hacer, frente al  un viejo aparato, en una estación perdida, de un pequeño pueblo italiano, con mi pésimo manejo del idioma local, cierro los ojos, no me queda otra que rezar,  cuando me tocás el hombro.

Me llamas por mi nombre:

- ¿ sos vos?

Me doy vuelta y estas allí parado impecable, tu pelo rubio cayendo por tu cara, que tapan apenas tus  ojos azules, tu  voz cálida en un itañol descontracturado, son los minutos más felices que  he sentido desde hace 3 días.

-Gianvicenzo, no puedo creer, como supiste encontrarme aquí, he intentado llamarte por horas, ¿como supiste que era yo?, sonreís y no hacen falta palabras.

Y me explicas que  hubo una tormenta y quedó la región incomunicada:

-Ya han llegado todos, eras la única que nos faltaba hemos terminado por hoy la reunión así que tengo que llevarte al hotel, ¿tenes hambre?
        
-  Si un poco, pero quiero llegar, necesito un baño caliente

Nos faltan  un par de horas de camino, vamos en el auto, bajo una lluvia,  casi no tengo ganas de hablar  pero vos me preguntas el porqué de mi retraso, que problemas tuve con mi vuelo,


-  Yo te lo resumo, “Un viaje de mierda”,

Te reis, y yo también,  aunque me encantaría estar verborrágica, me quedo callada, y dejo que  tu charla  agradable comience a mecerme,  el cansancio me vence, sin darme cuenta quedo dormida, y me dejo llevar por un desconocido confiando mi suerte.

Llegamos al hotel, yo sigo dormida, apoyada contra la puerta del auto, me llamas y nada, hasta que no te queda otra que zamarrearme y despertarme,  sentí vergüenza , te pedí disculpas, no dijiste nada solo sonreíste con picardía.

Seguís preocupado porque no comí nada, aunque intento convencerte que no moriré de inanición, sos insistente, y  me haces una propuesta

-  Acomódate, date un baño relajante paso por vos en 2 horas para  cenar.

Te confieso que no tenía ganas, pero hice el esfuerzo tan solo por las 24 horas que estuviste en esa estación esperándome, era obvio que sabrías quien era, ya conocías a todos en la estación, vos también estabas muy cansado.

Un baño relajante,  tirarme en la cama del hotel y casi morir en esa cama, vencer el sueño, cambiarme, maquillarme y bajar para ir a tu encuentro.

Tu mirada cambió bastante al verme,  ahora la que se sonríe en forma pícara soy yo, y agrego  “ si, ahora parezco un ser humano, no? ”

Fuimos caminando por el pequeño pueblo, de noche, bastante movimiento por ser un lunes, me comentaste todo lo que se habló en la reunión, y terminamos en un pequeño restaurante, casi unas poquitas mesas, pensé que era algo más informal como una pizza, pero no, vos estabas preocupado por mi nutrición esa noche.

Una luz tenue, inundaba el lugar, la comida perfecta, el vino exquisito, la música, y la charla intercambiando culturas, hablando en señas, riendo de palabras,  pasaban las horas y el cansancio era un tema del olvido.

Y paso el antipasto, la pasta, los vetables, el dolce, y terminamos en el café…

Horrible!,  soy tan sincera, dejando mi delicadeza y mis modales en el avión, casí escupo el cafecito mínimo, dándole manotazos a una copa de agua.

No parabas de reir, llamaste al mozo le pediste “Varnelli”, una bebida alcoholica local  y me llenaste el café y me hiciste probar.

- claro ahora si te digo, le faltaba este toque

La reunión duró toda la semana, si pudimos avanzar bastante, vos me mirabas durante la reunión, como discutía, como ponía mi punto de vista, casi que me estudiabas y yo lo notaba, que tanto tenías que mirarme.

Todas las noches, pese a que comíamos con todo el resto de la comitiva, siempre te sentabas a mi lado, como mi protector, y encargado de pedirme mi café especial.

Llegó el último día de trabajo, cena de despedida, me llevaste al hotel, como la primera vez en ese pueblo, en la puerta frenaste el auto y me diste un regalo, yo sorprendida de sobremanera, era una botella de Varnelli, mi cara, mi sonrisa,  mi mirada de agradecimiento, y vos que  no pudiste contenerte, me comiste la boca con un beso

…mi pecho se agitó, sentí que ese beso me estremeció hasta la última fibra, estaba confundida, muda, no sabía cómo reaccionar, que hacer, que demostrar.

…Y me dijiste, no me digas nada, yo se que podes odiarme por lo que acabo de hacer, pero es lo que quise hacer desde la primera vez que te vi en la estación, prefiero que me odies a quedarme con la duda toda mi vida.

Fue el robo más placentero que he tenido en toda mi vida, si, un robo con sabor a varnelli.










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